jueves, 21 de julio de 2016

La primera vez - cerca de una barra de fútbol

Ahora que mi hijo está a punto de cumplir 18 y por su invitación pude estar cerca de una barra de fútbol por primera vez en 42 años y la experiencia es variopinta.
Llegamos a la entrada del barrio y contra una pared se estaba proyectando la señal, de a poco llegó la gente, en su mayor parte jóvenes, un buen grupo de jovencitas, también había niños y adultos muchos habitantes del barrio o sus cercanías.
Nosotros nos encontramos con un par de conocidos de mi hijo, antes de iniciar el partido los líderes de la barra empezaron con los cánticos, los saltos, las arengas, en su mayoría arreglos a partir de melodías reconocidas, casi todo dedicado al equipo y a sus jugadores, con uno que otro puyazo contra equipos rivales.
Vi mucho negocio alrededor de la barra y el partido, los locales comerciales, el puesto de comidas, las colectas al inicio para las bengalas y al final para un canelazo que no probamos, el licor, el cigarrillo... mucho para mi gusto, como llevé la moto tenía la excusa perfecta para no probarlo, aunque en un momento dado no me faltaron las ganas, que por supuesto me aguanté.
La narración del partido, imposible de escuchar, ver la imagen del mismo en el primer tiempo casi igual, aunque estuviera en puntas de pie sobre un montículo, el gol del equipo de casa no lo pude ver, así que terminé saltando con los muchachos, no había más que hacer, hasta que sentí que me metieron la mano a la chaqueta y supe que me habían robado.
Mis compañeros fueron solidarios y empezamos a buscar, fue obvio que les ahogué sin querer la celebración del gol al final de los 45 minutos, me sacaron las llaves contenidas en un llavero de cuero, asumiendo tal vez que era una cartera, después de la piedra inicial me puse a hacer hoʻoponopono[1] (la oración de perdón, lo siento, gracias y te amo) al ladrón, milagrosamente a los 5 minutos un par de "preocupados hinchas," no las devolvieron sin más.
Ya para el segundo tiempo buscamos una ubicación desde la cual veíamos la imagen, a unos metros de los barristas, el frío, el cansancio de piernas, el sufrimiento por ver al equipo defenderse y defenderse hasta que casi al final del partido el rival empató y el partido terminó, mientras tocó aguantar el fuerte olor a cigarrillo y uno que otro efluvio de marihuana.
Finalizado el encuentro nos quedamos a un lado departiendo con un lugareño barrista que nos contó su historia viendo a mis contertulios tomarse unos traguitos mientras cuadramos la compra de boletas para el partido del equipo el  fin de semana. Para sacar la moto nos tocó pasar por entre algunos pelaos que celebraban, los vidrios de botellas rotas y la llama del canelazo no probado.
Esta mañana me desperté pensando en el fenómeno "identitario[2]" de las barras y en la emergencia del sujeto[3] actual, asi que para no ponerme a explicarlo, decidí narrar la experiencia y les dejo la tarea, si es de su interés lector.



[1] http://www.ugr.es/~pwlac/G24_00Editorial.html En contra del paradigma identitario
[1] http://www.relacionesinternacionales.info/ojs/article/download/128/118.pdf  Zygmunt BAUMAN: una lectura líquida de la posmodernidad

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