Los
políticos nos manipulan para alcanzar sus intereses de poder, el detalle está
en prestarse o no a esa manipulación. Las ideologías son el parapeto con el cual
movilizan nuestras emociones para ponernos a pelear, oponernos a nuestros
semejantes, desperdiciar nuestra energía y debilitarnos.
Claro que
hay grupos de poder con sus intereses,
cuya intención es obtenerlo preservarlo y mantenerlo a nombre nuestro y a
cualquier coste. Conocen y aprovechan su
conocimiento del carácter social de los habitantes de una región, pueblo o
nación, diciendo lo que queremos escuchar para que les elijamos.
Erich Fromm
caracterizó el carácter autoritario como la necesidad inconsciente y siempre latente en grandes grupos humanos
de ser dominados, la evolución enfrenta al individuo a la necesidad de emanciparse
de la manada y convertirse en un ser libre, autónomo y responsable, por las
deformaciones culturales y familiares los individuos preferimos huir a esa
posibilidad y transferimos nuestra posibilidad a líderes carismáticos y cismáticos
que prometen recuperar pasados gloriosos que todos anhelamos sin importar si
existieron o no.
Pueblos cuyos
individuos ansían convertirse en muchedumbre y anhelan plegarse a un líder autoritario
en cuyo carácter afloran las tendencias sádicas de dominación, un líder que busca masas humanas que renieguen de su libertad, un
pueblo con carácter masoquista que quiere ser mandado.
Les pasó a los
alemanes, promotores de la civilización moderna, con Hitler a la cabeza que los
convenció fácilmente de que a su mando recuperarían el glorioso pasado ario, y
le puede pasar a nuestro pueblo, con su baja ilustración, un pueblo oprimido y reprimido
que ansia la grandeza que no ha vivido, bajo la figura de un líder elegido por
la providencia para dirigirnos.
Esta es la
coyuntura actual, elegir entre un modelo de liderazgo autoritario y guerrerista
que no admite contraparte y otro muy muy similar de corte neoliberal
capitalista cuyo mayor empeño consiste en mantener funcional el contrato social
existente para seguir profundizándose.
Entre dos
males lo correcto es no elegir ninguno, pero la coyuntura política nos obliga a
elegir, solo por descarte el menos ruin entre los dos, con el plus de que el
modelo menos autoritario y extremo puede llegar a la solución del conflicto
armado.
Conciente de lo que busca el político, cada ser necesita elegir por su cuenta y no por lo
que le diga quien se le pone enfrente. Sabiendo que nos controlan manejando nuestra
emocionalidad, es imprescindible elevar nuestros niveles de conciencia y trabajar para no dejarnos
manipular.
Enfrentar
la realidad, crecer como individuos, vencer las fuerzas oscuras que subyacen en
el inconsciente colectivo e individual, tales como el carácter autoritario que
nos pliega a los intereses del poder y no al del desarrollo de nuestro
potencial humano y al logro de la libertad en paz.
Para crecer
necesitamos afrontar el miedo a la libertad, vencer el espíritu gregario
heredado por nuestra historia evolutiva, solo el individuo pleno, digno libre y
responsable elije gobiernos dignos de su propia actitud vital.