Importancia
del sindicalismo de la educación
Propuesta de trabajo borrador
Los gobiernos de carácter neoliberal en Colombia desde
comienzos de los noventa, han trabajado sistemáticamente para “quebrarle el
espinazo a FECODE,” usando todo tipo de artimañas, que van desde el
desprestigio social de la profesión docente y su consecuente
desprofesionalización, hasta la
implantación, vía medios masivos y propaganda, de ideas en el
inconsciente colectivo, como que los trabajadores organizados al servicio del
estado (caso del magisterio) son privilegiados que usufructúan el presupuesto
de la nación en desmedro del pueblo y el
desprestigio del sindicalismo presentado
a la opinión pública como anacrónico, corrupto y desdibujado, entre
otras.
Tal situación ha arreciado desde comienzos del siglo XXI, ya que los
compromisos derivados del consenso de Washington y los acuerdos con el FMI y BID
así lo requirieron, con el fin de
acelerar las reformas conducentes a la privatización de los derechos y
servicios públicos esenciales, achicando el estado y buscando convertirlo en
mero regulador del mercado. Todas las reformas de este siglo han creado el
marco constitucional y legal para llevar a cabo tales propósitos y es claro que
si la situación del magisterio no es peor ni tan grave como podría serlo, es
porque los gobiernos han encontrado la
resistencia de su sindicato.
Lo más importante a rescatar es la comprobación de que FECODE
es y seguirá siendo mientras perviva, la organización que representa a
las maestras de Colombia y con el potencial para aglutinar al conjunto de la sociedad colombiana en
torno a la defensa del derecho a la educación y por sindéresis a la defensa de
los demás derechos humanos tan caros al que hacer de la educación y las
educadoras, como la vida y la dignidad humanas, el trabajo decente, la salud, el saneamiento básico, el agua potable, la paz y la
recreación entre otros.
En estos tiempos que corren en los que por un lado el
modelo capitalista de corte neoliberal convence a la población de que menos es
más, con su política de guerra, de privatización de los derechos y entrega de
los recursos estratégicos a pocos nacionales y multinacionales, con la venta de
los activos del estado (que son nuestros)
la desindustrialización y la reprimarización de la producción y la venta
de servicios, con la consecuente
depauperización de las clases medias y la focalización de los recursos para
convertir en masa que vota a los pobres…
Es en estos tiempos en los que arrecia el
neocolonialismo, cuando, por otro lado
las resistencias de todo tipo hacen su irrupción a través de movimientos sociales tradicionales y nuevos,
tales como los sindicatos, el feminismo,
la población afro, indígena, raizal y ROM, la población LGBTI, l@s
viviendistas, las organizaciones
populares de todo género, l@s desplazad@s, las víctimas de la violencia, l@s
trabajador@s informales, l@s explotados de toda índole, l@s desposeídos, l@s
estudiantes y l@s indignad@s de todo el mundo que desde su diversidad luchan
con el sistema para transformarlo o superarlo.
Precisamente aquí y ahora en este escenario, es cuando
el sindicalismo de la educación cobra
nueva vigencia, porque defiende el interés de la nación por ilustrarse y
alcanzar los niveles de
profesionalización que necesitamos tod@s para la producción
vital; la profesión docente es estratégica para la contribución al
desarrollo de cualquier país y en particular el nuestro, tan desigual, de
manera que la educación gratuita y de
calidad para tod@s es una condición sine cua non para disminuir esta gran
brecha entre ricos y pobres.
La generación de proyectos pedagógicos alternativos
que den cuenta de los verdaderos intereses y necesidades de la nación requieren
de un sindicalismo de la educación cada vez más fuerte y cohesionado en torno a
su profesión y al derrotero del gremio en el contexto del desarrollo nacional;
haciéndose necesario que los sindicatos
de educadores den cabida a todas las expresiones del magisterio y logren
alcanzar niveles de participación democrática tales que aglutinen hasta al 100%
de los educadores en torno suyo nutriéndose del potencial de los sujetos
indivuales y sociales de la educación.
Un sindicalismo de la educación que conociendo a su
población objeto, que es toda la población, pueda aglutinarla para hacer de la
reivindicación por los derechos humanos una voz constante desde las escuelas de
Colombia, proponiendo cambios curriculares que formalicen sus múltiples
demandas, un sindicalismo capaz de nutrir y nutrirse de las luchas
reivindicativas y que las articule en unión con los demás sectores en una
perspectiva política entroncada en la satisfacción los derechos, su gratuitad, su
calidad, su cobertura y la puesta en marcha
de los cambios que contribuyan al desarrollo del conjunto
social y de cada uno de los sujetos, en desmedro de los intereses particulares
de usufructúan la riqueza natural y que
se produce en Colombia.
Juan Carlos Peña Morales
Comunicador Educador
Escuela Sindical FECODE.
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