Los dueños del capital en el mundo son muy pocos comparados con la mayor parte de la humanidad que ofrece su fuerza de trabajo a cambio de un salario para poder sobrevivir, por estos tiempos de crisis se agiganta la desigualdad ya que los poderosos no dejan de ganar, sino que por el contrario aumentan sus capitales a costa de los logros sociales de algunos sectores de trabajadores organizados y las capas medias de la población que luchan por no caer en la pobreza y en la indigencia en la que ya están casi tod@s los colombian@s.
El poder es consustancial al ser humano, todas las guerras de ayer y hoy se dan para alcanzarlo, todos los argumentos parecen justificar la opresión del hombre por el hombre, las mejores intencionalidades se han torcido con tal de mantenerlo, perpetuarlo y asegurarlo, la historia de la humanidad parece ratificar aquello de que el fin justifica los medios, ¿pero es eso cierto? , ¿es acaso un determinismo biológico?
En tiempos del individualismo a priori, los poderosos nos hacen ver como ley natural que, aceptemos la explotación, la subordinación, la obediencia ciega y la alienación de nuestras conciencias a sus intereses, que trabajemos para que ellos se enriquezcan más allá de cualquier límite, para que nos conformemos con supervivir el día a día, para que agradezcamos lo poco y para que soñemos (solo soñemos) ser como ellos, tod@s famosos, ricos, poderosos, a cualquier precio y de cualquier manera.
¿Y qué haríamos si hubiéramos nacido ricos y poderosos? ¿No explotaríamos a los otros? ¿acaso seriamos de izquierda, socialistas o comunistas? O ¿más bien defenderíamos nuestros intereses de clase y trataríamos de convencer a los demás que ese es el orden natural de las cosas? ¿impediríamos todo intento de rebeldía y manifestación crítica hacia nosotros? O acaso, tal vez, ¿podríamos apoyar la revolución que nos podría derribar y acabar con nuestra opresión de clase?
¿Y qué haríamos si alcanzáramos el poder, por cualquier vía? ¿Nos traicionaríamos a nosotros mismos para imponer intereses particulares? O ¿seriamos consecuentes con lo que nos une, con la necesidad de hacer la vida digna, libre y mejor para tod@s? ¿Y entonces qué hacer? ¿Dejar que nos sigan explotando y supervivir a costa de quien sea? Hemos de ser primero nosotros, libres, dignos, luchadores, combativos, honestos, sinceros, rebeldes, concientes, trascendentes. La revolución ha de empezar en nosotros, la sociedad no es lo que cambia, los que lo hacemos somos los seres humanos, si cambiamos el mundo alrededor cambia.
Y no es cuestión de idealismos o materialismos puros, es cuestión de conciencia, la revolución no triunfa y se mantiene si cada uno de nosotros no se convierte en un rebelde en sí mismo. Si no nos hacemos poderosos, si no nos potenciamos al máximo el poder será una quimera, o flor de un día porque no será real, no estará respaldado por un pueblo conciente y consistente, un pueblo impetuoso, recio y curtido que no se deja dominar, subyugar, esclavizar ni engañar por ninguna ideología y ningún opresor.
Posdata: El 30 octubre elegiremos alcaldes, concejales, ediles, gobernadores y diputados, ¿Qué pesará más? ¿el voto útil? voto por el que me convenga, ¿el voto a conciencia? voto por el que nos convenga, o ¿el tradicional voto comprado? voto por el que me compre, así no me convenga.
El POLO y la izquierda seguimos vivos y aunque tengamos que aprender la lección, seamos consecuentes, l@s invito a votar por Aurelio Suárez como alcalde y Jaime Caicedo para concejal de Bogotá.
Juan Carlos Peña Morales
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