viernes, 12 de agosto de 2011

Hace aguas la escuela


La escuela hace aguas, el nivel del conflicto escolar es equiparable al de la sociedad. ¿Qué hacer al respecto? Lo primero es ser conscientes que no hay fórmulas prescritas ni salidas únicas y universales, cada contexto aporta los insumos para abordar las problemáticas y buscar soluciones.

La burocracia tecnócrata que se ocupa preferentemente del currículo, los formalismos, las certificaciones de calidad, los horarios y todo lo aparente, es ineficaz porque olvida que trabaja para el sujeto, tanto el propio docente como el estudiante. Las lecciones en la escuela como en la vida deben empezar por uno mismo, para que cuando hablemos lo hagamos desde la experiencia y no desde la suposición, para no disletar como decía el profesor Jair Duque en Uniminuto.

Diversos autores del campo de la Comunicación-Educación refieren al sujeto político como factor clave de la formación en ciudadanía, descrito como  el ser humano que se siente libre y capaz para  expresar lo que su nivel de criticidad le dice, asentando su actuar  en el reconocimiento de la dignidad y el respeto por lo vivo, es decir es el sujeto que crece en la interacción y la participación con los suyos (su comunidad, los grupos que le generan pertenencia) y los otros (que pueden ser el estado y otras instituciones públicas o privadas).

En el caso de la escuela los suyos y los otros son la tan mentada pero no siempre bien constituida comunidad educativa (estudiantes, padres y madres de familia, acudientes, profesor@s, incluidas las directivas que muchas veces percibimos tan alejadas de la realidad del día a día en las aulas).

Estamos entonces en el campo de la política pero no en la tradicional por delegación, la de la  lucha partidista, la de los dogmatismos ideológicos y la manipulación del elector para lograr el voto. Es la política de lo micro, la que implica al individuo, la que lo une a causas diversas y lo identifica solidariamente para la acción, para la demanda por la satisfacción de sus necesidades e intereses, la política que construye comunidad, la que involucra la participación del individuo, la que lo compromete en esencia.

La formación o construcción del sujeto (que no son lo mismo) han de ser entonces, objeto primordial de la escuela, que debe procurar adaptarse a las necesidades, exigencias y urgencias del sujeto político-social contemporáneo. La vivencia de la participación y la democracia deben superar los formalismos del gobierno escolar  para empezar con los actos más elementales y cotidianos de la vida dentro y fuera de la escuela. Valores tan en desuso como la coherencia,  la sinceridad, la responsabilidad  y el disfrute del trabajo han de ser re-significados profundamente  para que puedan ser llevados a la práctica por nosotros los  docentes y  emulados  por los estudiantes.

A pesar que la mayor parte de l@s docentes no somos sicólogos por profesión, si tenemos la posibilidad de acercarnos de manera más cálida y humana a la subjetividad de nuestr@s estudiantes y poder nutrir nuestras  interacciones con ell@s, de forma cofigurativa (no imponiendo normas, sino acordando compromisos) posibilitando  ambientes de aprendizaje más cordiales, que mejoren la convivencia y fomenten relaciones más armónicas entre tod@s.

En ambientes más sanos para tod@s, son más factibles la gestión del conflicto y el aprendizaje, porque sabemos que hoy no es extraño comprobar que hay bastantes aulas y aún escuelas en las que simplemente es imposible trabajar, nada más alejado de la genuina búsqueda de ser felices, vivir en paz y trascender, que más que sofismas son reconocidos como parte de las necesidades fundamentales del ser humano.

Así que para que la escuela no haga aguas, hay que desempantanarla y pronto.



Juan Carlos Peña Morales

Escuela de Formación FECODE

Licenciado en Informática Uniminuto

Estudios  Mag. Pedagogía de la Tecnología UPN

Estudiante Esp. Comunicación Educativa Uniminuto.

jcprofe@yahoo.es

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